viernes 17 de julio de 2009

Cinema a la Fresca

El pasado miércoles, debido a una propuesta imprevisible fruto de la absoluta improvisación, acabé en el Castillo de Montjuic en una de las noches de cine a aire libre organizadas por Sala Montjuïc, cinema a la fresca, que también las llaman.

A diferencia de lo previsible en cualquier concierto o actividad musical/festiva destinada a un target más adolescente, el ambiente era concurrido pero inusualmente tranquilo. Seguramente los 5€ del cine y la ausencia de un filme comercial también "ayudan" a echar atrás a este tipo de público (de todos modos, 5€ incluyendo el autobús gratis para ir y volver del castillo, no está nada mal).

La mayoría de la gente rondaba la treintena. El típico botellón que se organizaría en otros eventos, ruidoso, sucio y detestable, era sustituido en este caso por esterillas, toallas, tumbonas y manteles al estilo pícnic, todos ellos con bocadillos, tortillas caseras, empanadillas e incluso botellas y copas de vino (el toque bohemio que no falte).

Afluencia de modernillos, sí, pero no de esos que intentan parecer maniquíes vivientes de Camden. El ambiente era algo cultureta, pero no en el plan snob o pretencioso que acostuma a acompañar a algunas personas que parecen acudir a este tipo de eventos para auto-reafirmarse intelectualmente sobre el "resto de mortales ignorantes sin clase".

Antes del cine, la gente tenía la oportunidad de cenar tranquilamente y charlar acompañada de la suave música brasileña de Livia Lucas (nada de reggaeton, batukadas, ni cosas por el estilo, fantástico).

Curiosamente, en el momento de comenzar la película... ¡ni una palabra!, la gente de forma automática se silenció para ver el filme, nada de chismorreos, ruido ni gente haciendo el idiota, y eso que facilmente podíamos ser más de 1000 personas.

Al acabar, la mayor parte de los asistentes recogía los restos de la cena en sus bolsas dejando el césped tan impecable como cuando llegaron. Las colas para subir a los autobuses, impecables ; sin malos humores, ni gritos, ni peleas, ni gente colándose, ni borrachos. Una de esas cosas que detiene por un tiempo la caída en picado de tu fe en la humanidad.

Disfruté mucho más del corto que precedía a la película más que de la propia película; un corto de José María Goenaga titulado Sintonía, que fue premiado en el Festival de Cortos de Málaga (eso dicen).


Sintonía




Por cierto, la película era La Celebración (Festen), una película sueca independiente del año 1999. Una película dura y un tanto decadente sobre una familia tradicional, desestructurada y llena de secretos oscuros. Casi que la película fue lo de menos en comparación con el ambiente.

Si os interesa, sinopsis y descarga de la película, aquí:

taringa.net


miércoles 15 de julio de 2009

Alguien dixit... (CCVXX!)




"Vaya vida más perra. Mi vida no tiene un proprósito, ni tiene una dirección, ni sentido, ni objetivo, y aun así soy feliz. No puedo entenderlo. ¿Qué es lo que estoy haciendo bien?"

Snoopy


martes 7 de julio de 2009

Alguien dixit... (CCCIII)




"Que la gente no diga toda la verdad no es cuestión de falsedad sino de gusto. La sinceridad suele tener dos sabores: amargo o agridulce"

Engrunes


miércoles 1 de julio de 2009

Te creo - No te creo

Leído en: ABC

La confianza mutua es la sublimación del entendimiento. Cuando se produce, se duplican los cerebros para pensar, las manos para actuar, los pies para caminar, las almas para sentir. Se trenzan percepciones, atan sensaciones y funden conciencias. Se cobija paz y se multiplica fe.

La confianza tiene la estructura de la cebolla: está hecha de capas, y como todo lo que suma siempre es unión de sumandos. El cumplimiento de lo pactado, el reconocimiento espontáneo del error, la entereza frente a la incerteza, la ética por encima de toda estética, el incuestionable valor de la palabra dada frente a la ventolera incierta de la duda sin futuro.

Dar y esperar confianza es don máximo de esos que antes eran reconocidos como "buena gente" y que hoy quedaron desnominados, porque la prisa por supervivir recortó los adjetivos solventes y extendió los maliciosos.

En su reverso se encuentra la resbaladiza incerteza, hecha de capas de mentiras, incongruencias, desidias, promesas compulsivas e incluso absurdas ingenuidades. Convivir sin confianza es navegar sin velas, porque nunca acabas de conocer la dirección exacta del viento ajeno.

Confianza y engaño son la cara y la cruz de las monedas de quienes entran o pretenden meterse en nuestros bolsillos. Cuando hay confianza siempre te enriqueces. Cuando hay engaño, al final siempre acabas pagando.

Hay que volverse numismático de la moneda ajena.

Por: Ángela Becerra


martes 30 de junio de 2009

Loving Marks (marcas empalagosas)

Leído en: MarketingNews

Te levantas. Mientras despachas asuntos urgentes en el cuarto de baño, a falta de otra cosa lees el envase del champú en el que una multinacional te dice que quiere conocer tus opiniones en una dirección web. Enciendes el teléfono móvil. Sí. Hoy también hay una propuesta de tu compañía telefónica para que concurses en su apasionante promo enviándole las fotos de tus vacaciones. Todos podrán verlas en internet. Qué suerte. Enciendes el ordenador. Tu marca de coches, tu diario, los antiguos alumnos de tu master, la marca de helados a la que tu hijo pequeño envió un dibujo de su padre (tú) fregando los cacharros (y que sí pudo verse en internet), y hasta la marca de crema corporal que ya usaba tu abuela, quieren que participes, que les cuentes, que seas su colega, que veas su miniserie en internet. Ya no solamente tienes cargo de conciencia por ese amigo plasta al que no devuelves las llamadas, por el compañero de trabajo que quiere caerte bien por todos los medios, o por tu perro que te mira como echándote en cara los meses que hace que no le rascas el lomo. No. Ahora además tienes un montón de marcas que te persiguen. ¿Llegaremos a eso?

Lo dijo hace poco Vega Olmos: “Las marcas no son como Nike o Apple”. A base de escucharlo en todas las conferencias y leerlo en todos los artículos, el mensaje ya se ha asumido: hay que crear valores añadidos para que el cliente te elija, venga a ti. Bien, de acuerdo. ¿Pero alguien se ha parado a pensar qué ocurriría si, de repente, todas las marcas se lo tomasen en serio? Y, corolario, ¿de verdad hay alguien interesado en dialogar, jugar o compartir sus vídeos con su lavavajillas favorito, por muy favorito que sea? Sabemos que en esta sociedad hay un problema de soledad e incomunicación y esta sería una buena manera de medir su evolución: cuantos más enganchados al diálogo con las marcas haya, más enferma estará la sociedad. Porque a nadie en su sano juicio se le ocurriría hacerse amigo de su bote de pimientos morrones o engancharse a los webisodios de su bolsa de patatas. Sé que estoy poniendo la venda en una herida que aún no existe, pero hay una realidad: hay pocas, poquísimas marcas con las que querríamos dialogar. A las otras, aunque nos gusten, les pedimos que resuelvan nuestros problemas y, si acaso, que atiendan nuestras quejas o peticiones de ayuda. Con eso bastaría y, para el 90% de ellas, ya sería un gran avance.

David Torrejón, director editorial de Publicaciones Profesionales

lunes 29 de junio de 2009

Reset...


martes 23 de junio de 2009

Alguien dixit... (MMMCCCXXIII)




"NO vivo para trabajar, trabajo para vivir"

Engrunes